
Al menos eso es lo que demostró el Elche en Anduva ante el Mirandés, un partido en el que ganó 1-2 y en el que se alargó una increíble racha de ocho partidos invicto, siete victorias y un empate: un comienzo que no se había visto en la Segunda división desde la temporada 1996/1997 y que, seguramente, tardaremos mucho en volver a ver. Sin embargo, el juego del equipo estuvo lejos de la brillantez de otras jornadas. Brillantez, que no seriedad y buen trabajo, porque de eso hubo y mucho: el Elche dejó la iniciativa en los primeros minutos a un Mirandés que presionaba fuerte y mordía espoleado por su afición, pero en el minuto 12, un primer zarpazo llevado a cabo por Coro y Xumetra puso el 0-1. Los franjiverdes continuaron el resto del tiempo esperando una nueva oportunidad para salir al galope y rematar a los mirandeses y esta llegó al comienzo de la segunda parte y fue rematada por Pelayo. Parecía que el partido quedaba sentenciado en ese minuto 52 y, de hecho, el Mirandés generó pocos sustos en la portería de Manu pese a contar con la posesión del balón. Sólo al final del encuentro, cuando en el 88 anotó Alain para los castellanos, hubo un cierto miedo en las filas ilicitanas, más por la presión de Anduva (quizás el estadio más británico de la Segunda División) que por un peligro futbolístico real.
No fue el partido más espectacular del Elche, pero sí uno de los más serios, además de permitir continuar con una racha histórica y con el disfrute del liderato. Dejó la mala noticia de la lesión de Carles Gil, que estará parado unas dos semanas, pero unió para la causa del equipo a Pelayo y demostró que el equipo es capaz de salir airoso de campos complicados como el del Mirandés. Que no es poca cosa.
Foto: www.elchecf.es
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