miércoles, 12 de septiembre de 2012

meanwhile in argentina (1): una foto en un partido

Una foto es sólo un instante, pero puede tener infinitos significados. Quizás infinitos sea un número excesivo, pero cuando en la fotografía aparecen unos políticos, la imagen suele tener muchas más lecturas que la que se ofrece a primera vista. Más en Argentina, donde los guiños, sobreentendidos y metáforas suelen ser de uso tan corriente como el dulce de leche. El pasado sábado la albiceleste se enfrentó a Paraguay en un partido para la clasificación para el Mundial 2014 en Brasil en el estadio Mario Kempes de Córdoba. Argentina logró vencer 3-1 a los guaraníes, pero mientras Di María, Higuaín y Messi marcaban sus goles se desarrollaba en el palco un simbólico gesto político.

En la imagen aparecen José Manuel de la Sota, a la izquierda, acompañado por Mauricio Macri, en el centro, y el cómico y político Del Sel. De la Sota, gobernador cordobés, es una figura histórica del peronismo, mientras que Macri, jefe de gobierno de Buenos Aires (algo así como el alcalde) pertenece al PRO, partido que podría asimilarse a la derecha liberal. Que un gobernador del mismo partido del gobierno se fotografíe con una de las figuras más importantes de la oposición nunca es casual: la foto sería del pasado sábado y se tomaría en Córdoba, pero apuntaba a la Casa Rosada y a 2015, fecha de las próximas elecciones presidenciales. De la Sota lanzaba de esa manera uno de sus primeros pasos para alejarse del peronismo oficial de Cristina y comenzar su carrera de presidenciable. No ha sido la única marca en su itinerario: no era la primera reunión que establecía con Macri y este lunes el cordobés acudió a la Capital para reclamar la deuda que la nación debe a la provincia (sí, en estos tiempos España no es el único país con líos económicos entre gobierno central y autonómicos).

A De la Sota su carrera hasta el 2015 no le será fácil, por supuesto, y es más que posible que se trunque antes de tiempo. El Partido Justicialista tiene mucha lógica de manada: mientras exista un macho alfa (hembra alfa en el caso actual), el resto de la familia le rinde pleitesía... ante todo porque la verticalidad estricta repercute en su propio beneficio. Al contrario, cuando al líder se le detecta alguna debilidad, el resto de la manada despedaza sin muchos miramientos a su antiguo cabecilla y desata una interesante lucha fraticida hasta que aparece un nuevo capo. Por el momento, Cristina maneja con decisión las riendas y todos los hilos. De hecho, De la Sota había invitado al palco del Mario Kempes a otras figuras políticas de peso, como Daniel Scioli y el resto de gobernadores. Ninguno se atrevió a pasarse a ver la albiceleste por miedo a una foto que, sin duda, levantaría la ira de la presidenta. Por no acudir, no acudió ni Julio Grondona ni otros capitostes de la AFA. Fernández tiene como mayor debilidad el hecho de no poder presentarse a las próximas elecciones, pero ya se escuchan movimientos que auguran una futura reforma constitucional que garantizase la re-reelección. Y, en cualquier caso, el kirchnerismo cuenta con numerosos recursos para pensar una forma de continuar en el poder de aquí a tres años: salvo hecatombe económica o gravísimo error político, su posición es demasiado fuerte como para que una figura opositora le haga daño.

De la Sota, al menos, cuenta con una gran experiencia. En los 80 consiguió derrotar a la rama ortodoxa que controlaba el partido en Córdoba, aunque para ello tuviera que salir del justicialismo y aliarse con fuerzas como la Democracia Cristiana. También ha demostrado tener paciencia y tenacidad: cayó derrotado en dos ocasiones ante la UCR en su intento por conseguir la gobernación de su provincia, hasta obtenerla finalmente en diciembre de 1998. Todas esas virtudes y muchas más las va a necesitar en su viaje iniciado con una simple foto en un estadio.

viernes, 7 de septiembre de 2012

la clásica ilusión de septiembre

Es curioso cómo funciona la memoria del aficionado medio, que no va mucho más allá del adolescente enamorado medio. Corta, casi efímera, o quizás, simplemente, con una capacidad de tragar y borrar realmente elogiable y nunca vista desde Jenna Jameson. A veces el aficionado medio me recuerda (me recuerdo, porque también me incluyo) a esa icono del camarero español que se tiene en Argentina: eterno cabreado, siempre malencarado y protestón, pero en el fondo buena gente y sin maldad. Y así pasa todos los años, con el Elche, como (supongo) con todos los equipos: el aficionado, cuando la cosa se tuerce (y se tuerce bastante fácilmente) empieza a criticar a jugadores, a directiva, a la gestión deportiva, a la forma de tratar a los abonados. Se jura ante sí mismo y ante cualquiera que pase cerca que nunca más, que es la última vez que se saca el abono, que son todos una panda de mentirosos a los que no vale seguir. Luego llega el verano y todos esos insultos y juramentos desaparecen con la misma facilidad con la que habían venido y el tipo malencarado y protestón renueva los votos de fidelidad hasta que la cosa se tuerce (y se tuerce bastante fácilmente), en un ciclo que se repite por los siglos de los siglos.

Así que no resulta excesivamente original que a esta altura de la temporada volvamos a hablar de ilusión y recitemos como un mantra el clásico este año, sí. Pero lo cierto es que estos tres partidos que llevamos de campaña han sido rutilantes, estratosféricamente inesperados tras una pretemporada modesta y con todos los delanteros de peso lesionados. Porque no sólo han sido tres victorias, sino que fueron tres victorias conseguidas de una forma que no se veía por estas tierras desde hacía mucho, como si a los antiguos marrulleros les hubiera entrado un ataque de valors y humiltat y se hubieran bautizado en la fe de la posesión, el toque y las contras demoledoras de esos diablos que han resultado ser Xumetra, Carles Gil y Coro. Mérito sobre todo del nuevo entrenador Fran Escribá, sobre el que caía la sospecha de no haber entrenado (no con responsabilidad absoluta) a este nivel, más allá de su cierto parecido a Mou y sus buenas maneras dialécticas. El anterior compañero de Quique Sánchez Flores en Valencia y Atleti ha conseguido cambiar la mentalidad y el juego del equipo en unas pocas semanas, lo que tiene un mérito a la altura de arrancar aplausos a una afición con una paciencia similar a la de Mestalla y no muy dada a muestras de cariño. Saldrá mejor o peor, pero en el banquillo franjiverde hay un tipo que, al menos, propone algo, en estos tiempos en los que se dice que lo más importante es tener un discurso. Luego está el trío de jugadores mencionados, improvisado tridente que ha conseguido una compenetración absoluta con apenas entrenamientos (véase, por ejemplo, los goles anotados ante el Hércules). A Xumetra ya lo habíamos visto marcar goles como el de Maradona galopando por el Azteca, pero Carles Gil ya ha demostrado en tres partidos que, de seguir así, está para cosas muy grandes, mientras que Coro domina a la perfección ese extraño invento de ser falso 9. También ayuda juntar en el motor a dos peloteros como Generelo y Rivera (con todo el respeto por Mantecón, que fue un sorprendente revulsivo ante Las Palmas), un lateral que dobla como el uruguayo Damián, continuar con una defensa experimentada como la de Pelegrín y Etxeita y haber fichado a un seguro para la portería como Manu Herrera. No eran nombres que enamorasen a principios de agosto, pero se ha demostrado que hay mimbres para enhebrar un equipo que juega lindo.

Hace un año el Elche también encandenó una racha de tres victorias consecutivas en el inicio de la temporada. Acabó líder en Navidad y luego sobrevino un bajón físico (y más tarde psicológico) que arruinó cualquier posibilidad de ascenso. Una liga de 42 jornadas es eterna y esto no ha hecho más que empezar, pero es septiembre y hay ganas de subirse al carro del #yoconfíoECF.

jueves, 26 de julio de 2012

los dinosaurios nunca se marchan

En América Latina, lo sabía bien Monterroso, los dinosaurios no sólo regresan, sino que, en realidad, nunca llegan a marcharse. Lo saben de sobra en Argentina, donde infinidad de golpes militares, democracias muy de aquella manera y gobiernos de la oposición no han sido capaces de acabar con la imbatibilidad del fenómeno peronista, de nuevo hoy, partido hegemónico (y casi único) en el país (y por los siglos de los siglos, amén, hasta improbable hecatombe). Lo saben también en México, donde, tras las elecciones celebradas el 1 de julio, el PRI, el partido que lo fue todo (y que en realidad nunca se fue), volvió a recuperar la presidencia del país.

Con el tiempo descubriremos qué PRI ha regresado encarnado en Peña Nieto, ese nuevo presidente, tan peinado, tan fotogénico, tan ambiguo en su discurso, que parece sacado de una novela de Televisa. De hecho, la principal crítica que ha tenido que capear durante la campaña ha sido la de no ser más que un producto a medida del gigante televisivo. Habrá que ver, pues, quién es ese Peña Nieto presidente, antiguo gobernador del complejo Estado de México, más allá de las generalidades de una campaña que ha tenido como hecho más curioso (y quizás definitorio) su amnesia literaria en la Feria de Guadalajara. Habrá que ver si tiene autoridad propia para imponerse en el universo príista, habrá que ver si se apoya en lo nuevo o en lo viejo del partido, si es que hay alguna diferencia. Habrá que ver si su política contra el narcotráfico difiere en algo de lo propuesto por Calderón, cuáles serán las nuevas relaciones con el resto de América Latina y con los vecinos del Norte, cómo se blindará el país ante la crisis.

Pero, sobre todo, habrá que ver qué PRI llega doce años después de abandonar el gobierno. Es obvio que no será aquel partido que se confundía totalmente con el estado, en aquella dictadura perfecta que hasta se podía permitir una fachada de legalidad. Primero, porque algunas (no sé si muchas) cosas buenas se han hecho en estos años en la extraña transición a la democracia mexicana. En segundo lugar, porque, pese a haber recuperado la presidencia, el PRI no se ha comportado como el rodillo electoral que fue antaño: la falta de mayoría absoluta en el Congreso le obligará a pactar con otros grupos y a inaugurar un estilo hasta ahora desconocido (a nivel nacional) por el partido. En ese sentido, desde la barrera, va a ser un sexenio divertido de analizar: no sólo por el PRI, sino también por saber qué ocurre con el PAN, convertido ahora en el tercer partido tras el desgaste de dos mandatos presidenciales que no han colmado las expectativas (¿se convertirá en un partido bisagra?, ¿irá desintegrándose hacia el bipartidismo?), y con el PRD, del que no queda claro aún qué tipo de oposición y qué tipo de liderazgo asumirá. Quedan por ver muchas cosas en el nuevo México que comienza en diciembre, pero la principal será saber cómo ha evolucionado el dinosaurio.

martes, 10 de julio de 2012

variaciones sobre goya

Lo que sigue fascinando de Goya es que hay un Goya para cada persona, para cada estado de ánimo. Desde el académico del Cristo crucificado, hasta el mordaz y a la vez pragmático de La familia de Carlos IV, pasando por el aterrador de La romería de San Isidro. Un tipo que tocó con maestría los palos del neoclasicismo, del romanticismo y que abrió caminos para las posteriores vanguardias, es alguien que merece todo respeto y todo seal of approval. Dentro de ese caleidoscopio de estilos y sensibilidades, una de las salas de El Prado está dedicada a sus Pinturas negras. El contraste que se percibe cuando uno entra en ella, acentuado por la tenue luz de la habitación, es evidente. Son pinturas alejadas del color y el optimismo cotidiano de sus primeros cartones; oscuras y tétricas, reflejan los últimos sentimientos de un hombre derrotado políticamente (él, que siempre había estado próximo de los ilustrados y los liberales, debía soportar ahora la restauración absolutista de Fernando VII), con la mayoría de sus amigos encarcelados o en el exilio; aislado en su Quinta (de hecho, esta serie de pinturas decoraban las paredes de esa casa), sordo y viudo. Personalmente, nunca he sido muy goyesco; en realidad, nunca he sentido una gran pasión por la pintura, pero en esa sala plagada de cabrones (literalmente), viejos cadavéricos y dioses caníbales sobre fondos oscuros, un cuadro, totalmente diferente, me atrajo como ninguno antes lo había hecho.

Hablo de Perro semihundido, un cuadro con un alargado fondo ocre, desesperantemente vacío, angustiosamente eterno, en el que apenas se puede ver la cabeza de un perro que se asoma desde abajo. Así, tan enigmático y distinto al resto de Pinturas negras, ya de por sí tan enigmáticas y distintas. Dicen los que saben que, con esa simpleza preanuncia lo que será el expresionismo y hasta el arte abstracto. De acuerdo con el título (ajeno al artista), uno podría imaginar al pobre animal hundiéndose lentamente en la arena, con su mirada hacia el cielo, pidiendo ayuda con sus ojos, sumiso a su destino.

Pero, en realidad, hay más de lo que vemos. Al menos, de lo que vemos a simple vista, porque no debemos olvidar que estas pinturas fueron arrancadas de los muros de la Quinta y pasadas a lienzo en el siglo XIX. Y en ese traslado (bastante agresivo en sí mismo) el restaurador cometió verdaderas tropelías, eliminando matices y elementos que hacen replantear el sentido de todo el conjunto. Así, como hemos podido apreciar en negativos de fotografías redescubiertas recientemente, el Perro semihundido aparecía en el orginal de Goya observando atentamente a unos pájaros que sobrevuelan la roca de la derecha. Sigue estando solo, sí, pero no está hundiéndose. En mi imaginación, tiene esa mirada que mezcla resignación castellana y paciencia perruna, pero a la vez tranquilidad y confianza ante el gran reto que tiene delante; como el ciclista que mira desde la base la cima del puerto, que sabe lo duros que serán los próximos kilómetros, pero que sabe también que llegará antes o después.

Esa, al menos, es la interpretación con la que quiero soñar. O puede, simplemente, que el cuadro esté inacabado. Porque lo que fascina de Goya es que hay un Goya para cada persona, para cada estado de ánimo.

PD: Como me emocionó tanto el cuadro, he hecho alguna variación personal. Aparte de la que se ve en el post, esta es quizás la más cuqui (?): http://twitpic.com/a61l0j.

jueves, 5 de julio de 2012

de italia y del amor

Artículo publicado en Café fútbol.

Llevaba un año sin interesarme demasiado por el fútbol. Yo, que le había profesado amor eterno. Quizás fue el mazazo de ver a mi equipo, ese franjiverde, a apenas centímetros de la gloria (como dijo el señor Jabois, la gloria de los pobres consiste, en el mejor de los casos, en el ascenso). Uno no se resigna de un día para otro a perder una alegría nunca vivida por apenas un gol. Quizás, simplemente, es que me estoy haciendo viejo y ya se sabe que con la edad a uno le cuesta ilusionarse. Veía el fútbol como esas exnovias con las que te vuelves a cruzar por la calle: siempre sentirás algo distinto a lo que podrás sentir ante cualquier otro que pase frente a ti, pero ese sentimiento contiene algo de nostalgia, algo de recelo y mucho de vacío (si es que tal cosa sigue desde hoy existiendo en el universo).

Esta Eurocopa empezó para mí de la misma forma que la mayoría de partidos desde aquel partido de play-off de hace un año. Me interesaba por ellos, solía verlos dentro de mis posibilidades, compartía opiniones con mis amigos, pero me faltaba algo, esa vieja pasión, gritar un gol, aunque fuera. Ni siquiera los buenos muchachos de nuestra Selección (lo siento, pero de pequeño nunca hablábamos de La Roja y a uno le cuesta cambiar), tan grandes, tan perfectos, tan sublimes, me llegaban a encender el corazón. Puede que porque fueran tan grandes, tan perfectos, tan sublimes. Y la gente no suele enamorarse de ese tipo de cosas tan poco terrenales.

En esas llegó Italia y, como todos los grandes amores, llegó sin que me diera cuenta. No era un equipo del que esperase un recuerdo más profundo que el de un amor de noche de verano: llegaba con bajas como la de Rossi, tras ser vapuleada por Rusia en un amistoso previo, con el escándalo de las apuestas ardiendo a pocos días de rodar el balón (en estos tiempos en los que los valores casi que cuentan más que los goles), con Prandelli empeñado en chocar contra el muro de la cordura y en recuperar a los chicos malos Balotelli y Cassano. Los comienzos no fueron ni malos ni espectaculares y estuvieron a punto de cerrarse abruptamente de haberse consumado el famoso biscotto. Pero poco a poco los jugadores de la Azzurra empezaron a mostrar que escondían una ilusión especial, que había en ellos ese halo de compañerismo y gracia que rodea a las selecciones que llegan a un torneo con algó más que con el afán burocrático de un notario. Empezamos a intuirlo en el primer partido ante España, pareció confirmarse ante Inglaterra y lo dejaron claro ante Alemania. Y en ese encuentro, ante los alemanes, caí rendido. No sabría exactamente por qué, si por la elegancia de Pirlo, por las travesuras maduras de Cassano, por ese lado oscuro que parece esconder Buffon, por esa atracción que siento por los secundarios que triunfan, como Diamanti, por la eficacia prosaica de Di Natale o, sencillamente, por el putoamismo de Balotelli. Vaya uno a saber por qué regresa el amor sin haberlo llamado. Sólo sé que acabé aquel partido de Italia con una sonrisa ilusionada.

domingo, 4 de marzo de 2012

my name is cucudrulu





Nuestra familia (entendida en un sentido amplio) crece. Hace unos meses celebrábamos por todo lo alto, con galletitas saladas y sándwiches de Nocilla, el nacimiento del retoño de Lluna y David, conocido internacionalmente como Cucudrulu. Como seguimos siendo igual de pobres que antes, no nos podíamos permitir ningún regalo ostentoso para la ceremonia del baby shower. Ni siquiera uno bonito. En realidad, ni siquiera uno mínimamente útil. Pero gracias a nuestro talento como artistas podíamos ofrecer a Lluna y su pequeña familia algo que no podía ofrecerle nadie más (bueno, nadie que no supiera componer): una canción. Cuando empezamos a perfilar la idea del nuevo tema, lo único que teníamos decidido es que debía de ser un blues. A fin de cuentas, el chaval había llegado al mundo en las frías tierras de Chicago y pocos estilos evocan mejor a la Ciudad del Viento que el popularizado por B.B.King y sus amiguetes. Fue Yavi quien compuso un riff bien guitarrero sobre el que, durante las sesiones de diciembre, se fue construyendo una letra que giraba en torno a un bebé que, aburrido del frío a orillas del lago Michigan y de la ley seca, soñaba con viajar a Valverde y ser feliz en casa de sus abuelos. Al tema, casi todo compuesto en un inglés muy especialico, se le añadió luego un pequeño puente inspirado en la música infantil, en el que Cucudrulu dibuja el idílico paraje de leche y miel que puede disfrutar en España... Y sin venir a qué también metimos un solo de sitar al final de la canción, que siempre queda muy resultón.

Y ahora, como es habitual, una serie de curiosidades sobre la canción:

 -Fue grabada en los Estudios El Vin del Yall, en varias sesiones realizadas en diciembre de 2011.
-Rafa sorprendió a todos con la gravedad de su voz.
-Es posiblemente la canción en la que más se ha cuidado la armonía de las voces, arregladas por Yavi. -Hubo discusiones para decidir si con people se utiliza was o were.
-Pepe, Rosa, Alfonso y María son los nombres de los abuelos de Cucudrulu.
-Es la primera vez que Incontinencia Materna usa el sitar en una grabación de estudio.
-La idea de parodiar la canción de Mecano como Hijo de la Lluna partió de Ine.
-Durante la composición, Mónica grabó vídeos como este.
-Las gallinas existen.

Y he aquí parte de la ficha técnica:  
Yavi: guitarra, programaciones, órgano, coros, arreglos  
Manolo: voz, coros  
Rafa: voces, coros  
Chimo: guitarra solista, coros, sitar  
Inma: bajo  
Otra hermana de Yavi: violonchelo

miércoles, 29 de febrero de 2012

carnaval 2012: la batalla ninja

Sin pretenderlo, parece que he instaurado la tradición de disfrazarme por Carnaval sólo cada cinco años. Si hace una década nos hicimos pasar por Lauren Postigo borracho y hace un lustro homenajeamos a Andrés Montes (obviemos que en 2009 fui de El Solitario disfrazado de reno, porque si no, no salen las cuentas), en esta ocasión, tras varios años viendo toritos corriendo por Ciudad Rodrigo con indumentaria deportiva, tocó disfrazarnos de ninja púrpura y ninja ocre. Por si a alguien todavía no le hemos dado la tabarra con el tema, los ninjas ocre y púrpura son los protagonistas de La mejor escena de ninjas de la historia, un despropósito hallado y comentado por Loulogio en el que ambas figuras luchan de aquella manera para vengar un niño. O algo así...

Al menos, de eso fuimos Ine y yo, porque a falta de más tela de esos colores, Manolo fue de señor medieval normal de raíces bárbaras, Rafa de pirata herrero rockero de reminiscencias visigóticas y Mónica e Isa de hadas ninfas. Los disfraces en sí fueron confeccionados aprovechando la impresionante logística de los almacenes disfraciles de Mónica y su buen hacer en el corte y confección, que hicieron posible que en una tarde unos cuantos retales dieran lugar a un traje ninja reshulón. ¡Y por el mismo precio, podíamos hacernos pasar por Águila Roja o la mujer musulmana ultraconservadora de alguien!

domingo, 26 de febrero de 2012

una tragedia argentina

Accidente es que se te cruce por sorpresa un animal en medio de la carretera. O que el tipo que vaya delante frene en seco mientras vas a su rueda y acabéis los dos en el suelo. Incluso en esos casos, existe una cuota de responsabilidad por parte de los implicados que llevaría a debatir si todo fue un accidente o si hubo bastante de negligencia. Pero que un tren no llegue a frenar mientras circulaba por el mismo corazón de Buenos Aires, ocasionando la muerte de 51 personas y cientos de heridos no puede ser, obviamente, un accidente. Posiblemente, fue un terrible delito... y ya se encargará la justicia de deslindar responsabilidades (o eso deberíamos esperar), pero lo que es seguro es que la tragedia de Once es una metáfora, tanto del pasado reciente como del presente argentino.

No hace tanto, a mediados del siglo pasado, el ferrocarril era uno de los símbolos más patentes del desarrollo de esa Argentina destinada a grandes cosas. Tras sus primeros pasos, el negocio del tren llamó pronto la atención de inversores británicos y en menor medida franceses, que desarrollaron enormemente la red: a fines del siglo XIX esta ya contaba con 16500 kilómetros de vías. Se dirá que era una red eminentemente porteñocéntrica (como todo en un país que es sólo federal en la letra), pero hasta los años 70 del siglo XX uno podía viajar cómodamente por casi todo el territorio del país y el mapa de la provincia de Buenos Aires aparecía como un enjambre de líneas férreas. Era tanto el simbolismo que tenía el tren que Perón se lanzó a su nacionalización al comienzo de su mandato... justo cuando las empresas británicas estaban deseosas de vender. Más tarde seguiría el declive con la política ultraliberal de la dictadura iniciada en 1976 y el final de una era con el gobierno de Menem (curiosamente, otro peronista). Durante el mandato de este (1989-1999), no sólo se privatizó el servicio, sino que se desmanteló la mayoría de las líneas y las vías. De muchas de estás vías sólo quedó el recuerdo y una calva de tierra al lado de las carreteras (a fin de cuentas, el metal de ellas también era rentable) y numerosos pueblos y ciudades que se nutrían del paso del ferrocarril entraron en agonía o incluso desaparecieron. La crisis de 2001 ahondaría aún más la situación de abandono del tren argentino. Porque no resulta precisamente agradable viajar en uno de ellos: si estamos acostumbrados a vagones con asientos relativamente cómodos e individuales, olvidémonos pronto. Los trenes que circulan de la provincia a la Capital a primera hora de la mañana se parecen más a esos metros abarrotados de gente en hora punta; incómodos, sucios, ruidosos y, por si fuera poco, peligrosos: no sólo porque suelen ir con las puertas abiertas y porque toca luchar contra la asfixia a todo rato, sino porque es noticia abandonarlos con todas tus pertenencias en tu poder. Definitivamente, una experiencia que sólo se vive por necesidad: a nadie se le ocurriría tomar uno de estos trenes por simple turismo. Para colmo, los trenes atraviesan la ciudad hasta su corazón a la altura de la calle, atravesando una increíble cantidad de pasos a nivel no siempre señalizados de forma óptica, por lo que resulta un milagro que no se produzcan más accidentes.

Con los Kirchner se pareció vivir un renacimiento del ferrocarril. Al menos, existía un discurso de buenas intenciones: se anunció la electrificación de ramales y se soñaba con el proyecto del tren bala que uniría Buenos Aires con Córdoba. Pero en la práctica poco se hizo para cambiar las cosas de un sistema un tanto perverso: las empresas que gestionaban el servicio ferroviario eran privadas, pero recibían del Estado dinero en forma de subsidios. No precisamente una cantidad pequeña: según señalan en Perfil, TBA (la empresa del tren siniestrado en Once) recibió en enero un cheque estatal de casi 77 millones de pesos argentinos: en 2003, para todas las empresas del transporte ferroviario, el subsidio mensual medio era de unos 15 millones de pesos.

Entre todos armaron la tragedia. Una historia de declive, una empresa TBA, irresponsable y canalla que no invierte en la seguridad de sus propios bienes y un gobierno, el de los Kirchner, que levanta la bandera del nacionalismo, que se llena la boca con el todo para todos, que entrega millones de pesos en forma de subsidios, pero que carece de la fuerza o (peor aún) de la intención de controlarlos.

Foto: El Mundo.

sábado, 25 de febrero de 2012

lol en the cavern

viernes, 10 de febrero de 2012

ojalá fuera todo tan simple y bello




Cuando era joven, mucho más joven que hoy, uno de mis ídolos era Brian May, el guitarrista de Queen. Lo sigue siendo ahora: un tipo que con sus arreglos y armonías ha creado un sonido personal y reconocible, que creó su propia guitarra con trozos de una chimenea y una motocicleta, que es doctor en astrofísica y que encima parece buen tipo, merece toda mi admiración. Hace muchos años, cuando estaba en el inicio de mi camino de estrella del rock frustrada, leí una entrevista en la que elegía sus diez solos de guitarra preferidos. Entre ellos (que se pueden consultar aquí), se encontraba el de Nowhere Man de los Beatles. Uno esperaría de un dios de las seis cuerdas que tuviera como referencia solos con 40 semifusas por metro cuadrado, complejísimos ejercicios que necesitasesn siete dedos por mano o armonías sofisticadas y abstrusas para interpretar con gafas de pasta. El solo interpretado por George Harrison no tiene nada de eso. Apenas consiste en el rasgueo de la rueda de acordes de las estrofas (Mi, Si, La, Mi, Fa#m, Lam, Mi), con un sonido áspero y con algo de trémolo de guitarra y un simpático armónico al final. Tan simple que cualquiera puede tocarlo. Pero no le hace falta más para encontrar la belleza, ni fuegos artificiales ni miles de notas que distraigan. Ojalá fuese todo tan simple y bello como el solo de Nowhere Man.

martes, 22 de noviembre de 2011

la lidia



Casi toda la música occidental (y eso es mucha música, de Vivaldi a King África) se basa en dos escalas: la mayor y la menor. Eso puede llegar a resultar repetitivo (de hecho, lo ha llegado a ser y por eso la mayoría de canciones de Maná nos suenan iguales), pero, con un poco de imaginación, las combinaciones posibles entre siete notas son prácticamente infinitas. Por suerte, la música no se acaba en las posibilidades que ofrecen el modo mayor y menor, ni siquiera si nos circunscribiéramos únicamente a las escalas diatónicas, pasando de pentatónicas (escalas de cinco notas, muy blueseras o chinas) y cromáticas. Por ejemplo, tenemos los llamados modos griegos, cuya mecánica es bastante sencilla: hasta a un tipo sin mucha formación musical como yo le suena que la escala de Do mayor se recita así: do-re-mi-fa-sol-la-si-do. En términos de intervalos, es decir, en términos de distancia entre nota y nota, la cosa se expresaría de esta manera: tono-tono-semitono-tono-tono-tono-semitono. Una escala que en Do mola más a la hora de pasar a la notación musical, porque ninguna nota contiene ni bemoles ni sostenidos. Pero ahora imaginemos que, manteniendo los mismos intervalos, comenzáramos la escala en Re en vez de en Do (es decir, re-mi-fa-...). En este caso, la sucesión de los intervalos (tono-semitono-tono-tono-tono-semitono-tono) cambia algunas cosas: la tercera y la séptima pasan a ser menores. Esa nueva combinación es conocida como modo dórico y tenéis que creerme si digo que crea unos sonidos muy diferentes a la escala mayor, más tristes y latinos (la mayoría de canciones de Santana utilizan el modo dórico y también Eleanor Rigby de los Beatles). Si en vez de Re (la segunda nota), comenzamos a recitar la escala de Do mayor desde Fa, la cuarta nota, obtendríamos el modo lidio: una escala que tiene como única teórica diferencia respecto a la mayor natural la cuarta bemol. Pero la teoría no dice mucho de la riqueza musical que puede ofrecer un cambio tan aparentemente pequeño.

La escala lidia ofrece un sonido sorprendente, exótico y, por momentos, hasta desquiciante. Quizás porque al ser tan similar a la mayor, el oído se acomoda y se relaja hasta que de repente aparece por ahí una nota inesperada. Muy posiblemente, la melodía más popular basada en la escala lidia quizás sea el tema de Los Simpsons, donde esa sucesión de sonidos tan poco común se usa como metáfora de la inestabilidad emocional de los miembros de la familia (en honor a la verdad, la melodía se basa en la escala lidia con séptima bemol, que le da un toque bluesero). Pero mi canción preferida basada en esta escala (bueno, aunque también incluye una séptima bemol) es Pretty Ballerina de The Left Banke, un grupo que no lo petó en los 60s, pero que fue muy bien considerado (y lo sigue siendo) por la crítica. En una época de experimentación musical masiva, a los chiquitos de The Left Banke les dio por acercar el pop a la música barroca y el tema en cuestión es un buen ejemplo, con su cuarteto de cuerda y su solo de oboe, tan delicioso y delicado, como alejado del guitarrerío estridente. La historia que hay detrás de la letra también tiene su aquel: compuesta por el pianista del grupo Michael Brown, estaba dedicada a Renée... casualmente, la novia del guitarrista del grupo Tom Finn. Extrañamente, el interés de Michael por la novia de su colega, que también se plasmó en otro éxito como Walk away Renée, parece que no generó demasiadas tensiones en el grupo, pero la falta de éxito comercial y los consiguientes problemas económicos haría que el grupo se separase finalmente en 1969.

Y, por supuesto, los Beatles también usaron la escala lidia en varias de sus canciones, como la raruna y harrisoniana Blue Jay Way, mientras que progresiones de acordes basadas en ese modo pueden escucharse en Sgt. Pepper's y Eight days a week. Algo que demuestra una cosa: una simple nota puede cambiarlo todo.

domingo, 13 de noviembre de 2011

ricominciamo

Cinco meses sin escribir en el blog es demasiado tiempo sin escribir sin que exista una causa aparente. Porque no, no la habido. Ni he sufrido ninguna desgracia, ni he sido de nuevo secuestrado por la guerrilla tamil, ni he perdido las ganas de escribir sobre lo primero que se me ocurra. Quizás la tesis, que por fin empieza a tomar una forma real y sólida, me ha desviado la atención que requería este espacio o quizás simplemente, sea que todo, hasta lo bueno, necesita un descanso. Toda explicación es buena para autojustificarme. Sea como sea, en estos meses he tenido tiempo de ver a mi equipo rozar un sueño, de recorrer Inglaterra y Escocia bajo la lluvia, de hacer de guía turístico en Burgos, de recuperar la curiosidad por las historias antiguas y hasta de amar. No ha estado mal, pues. Pero nada de eso está reñido con decir: ricominciamo.

sábado, 25 de junio de 2011

apuntes de la derrota

Artículo publicado en Café fútbol

Que no os engañen poetas y aprendices de motivadores. La derrota sólo duele, sólo crea vacío o, a lo sumo, heridas difíciles de superar. Dirán que nadie recuerda a la Alemania de 1974 o a la de 1990, mientras que ilustres perdedores como la Naranja Mecánica o la Hungría de 1954 permanecen en la memoria. Pero la memoria es frágil y, sobre todo, cara y cuesta de mantener ante la contundencia de un palmarés, de un trofeo expuesto o de una estrella cosida en el escudo. Os dirán también que la derrota es la mejor maestra, porque te permite conocer a ti mismo, porque te obliga a explorar cada uno de tus pasos hasta encontrar cada error cometido, porque la victoria ya tiene demasiados padres como para que puedas aportarle algo. Pero cuando a uno le repiten una y otra vez una lección aprendida tiende a rendirse, a abandonar.

Mi equipo, el Elche, como todo el mundo sabe, no pudo dar este sábado el paso que le faltaba para alcanzar la Primera División. Le superó el Granada, con el que empató a 0 en Los Cármenes y a 1 en un abarrotado Martínez Valero. Pese a no haber podido alcanzar su sueño, no se le puede reprochar nada al equipo, más bien al contrario: durante toda la temporada (nada menos que 42 partidos) luchó por encima de sus aparentes posibilidades, consiguiendo puntos que parecían perdidos aferrándose a una fe a veces alocada. Lo hizo ante el Valladolid, cuando todo parecía perdido tras anotar Óscar el 0-1 y lo hizo de nuevo ante los rojiblancos, reponiéndose al gol de Ighalo. Pero al final, pese al orgullo, pese a la gran imagen, queda la derrota, ese sentimiento amargo. Ese saber que mientras el resto disfrutará de la atención de los medios, de la visitas ilustres, de la simpatía del país, tú y tu equipo volverás a luchar en el anonimato por un sueño difícil de cumplirse. Ese rozar la gloria y quedarte sin nada, que se multiplica además por repetirse año tras año desde por lo menos hace dos décadas.

Algunos dicen que el fútbol es el reducto del espíritu bélico del ser humano. Puede que sea así dentro del campo, donde abundan los ataques, disparos, coberturas y cañonazos. Pero fuera de él, en la grada, todo es más simple y el fútbol se reduce a una ilusión casi infantil. Uno intenta no hacerle caso, ignorarla para no sufrir, pero cae en ella cuando ve a todo el mundo remando hacia esa dirección. A veces se gana esa apuesta, pero la mayoría de las veces se pierde y nada resume mejor esa sensación que esa foto de David Generelo tendido en el suelo al acabar el partido, sin poder levantarse, sin poder asimilar lo cerca que se tenía el sueño y lo infinitamente lejos que está ahora. Toca reponerse, luchar de nuevo, pero las derrotas sólo duelen.

martes, 14 de junio de 2011

30 anniversaire



30 años. Mucho y poco. A mi edad, los Beatles ya habían dado todo que tenían que dar como grupo, mientras que Jesús no había hecho gran cosa para aparecer en los Evangelios. Jimmy Hendrix llevaba tres años muerto y Perón era un desconocido militar al que todavía le quedaban unos veinte años para ser alguien en la historia argentina. Toda una vida o apenas las páginas oscuras de una biografía, dependiendo de cada uno. Por mi parte, me ha dado tiempo a intentar ganarme la vida aprendiendo historias, a coronar unos cuantos puertos, a cruzar unas cuantas veces el Atlántico, a no aprender inglés, a enamorarme, a rodar por el mundo para ver a unos hombres jugar a la pelota y a tener los mejores amigos allí donde me ha tocado estar. It's something.

Y para celebrarlo, tomo prestada esta canción que el Maestro Yavi compuso e interpretó en homenaje a sí mismo. Un tema experimental y arriesgado como él mismo, en el que no faltan unas gaitas descarriadas y voces en falsete, pero en el que queda el poso del compañerismo y la fraternidad.

martes, 31 de mayo de 2011

veinte años

Artículo publicado en Café Fútbol.


Veinte años no es nada, cantaba Gardel; pero lo cierto es que veinte años dan de sobra para cambiar la historia, la leyenda y la imagen de un equipo. El pasado sábado el Deportivo de La Coruña sufrió un doloroso (por inesperado, por cruel en su forma) descenso a la Segunda División. Y será raro ver una Liga sin uno de sus mayores animadores en los últimos años, uno de los pocos que se ha atrevido a desafiar (junto al Valencia, valga la ironía) el dominio de Barça y Madrid. Nombres como Mauro Silva, Makaay, Donato, Bebeto, Djalminha, Fran y Rivaldo han hecho grande a un club que tiene ya en su palmarés un campeonato de Liga y dos Copas y varias noches mágicas contra equipos de la talla del Milan, la Juve o el Manchester United. Han sido veinte años, entre el último ascenso y este descenso en el que el Dépor ha pasado de ser un equipo más de provincias a convertirse en una de las potencias futbolísticas del país o, como mínimo, en uno de esos equipos que uno siempre pone como candidato para entrar en Europa.

Pero, como decíamos, veinte años no lo es todo en la historia de un club centenario y el oropel conseguido en estas dos décadas de gloria tampoco debe hacer olvidar los humildes orígenes de este club. Quedan ahora muy lejanos esos días en los que el Deportivo era un equipo ascensor, que llegó a alternar durante los 60 un año en Primera y otro Segunda. Más cercanos, pero igualmente difíciles de recordar son esos dieciocho años vagando sin catar la máxima categoría, entre 1973 y 1991, años en los que conoció la 3ª y la 2ªB. Y todavía alcanzo a recordar la sorpresa que supuso el fichaje de Bebeto y Mauro Silva por parte de lo que hasta entonces era un pequeño club que luchaba contra el descenso.

Este repaso al pasado modesto y poco brillante del Deportivo no viene, por supuesto, a cuento de desmerecer su entidad, sino a subrayar todavía más lo increíble, meritorio y mágico de la fábula que el club ha ido escribiendo en veinte años. Cabe, sin embargo, una última pregunta: la de saber si el precio de desafiar (y vencer) a los grandes, la de atraer a grandes figuras, ha sido y será demasiado alto para un club y una ciudad medianas. Porque el descenso quizás podría haber sido eludido por detalles como un gol en la última jornada, pero la crisis del club es estructural y viene arrastrándose, como mínimo, desde la marcha de Irureta. La supervivencia del club dependerá de cómo supere esa crisis. Por suerte, acudiendo su propia historia encontrará más de un modelo y un ejemplo a seguir.

viernes, 29 de abril de 2011

viajes por fútbol 11: tottenham


No conozco Londres. Al menos, no lo suficiente como para decir que conozco la ciudad, lo que tiene sus ventajas cuando necesitas recuperar tu capacidad de sorpresa. Aquella tarde veraniega de mayo (más veraniega tratándose de Inglaterra), nada más bajado del tren que venía del Norte, enfilé hacia el caro y modernamente decadente metro de Londres para parar en Seven Sisters, la estación más cercana a White Hart Lane. Uno no tenía, ni tiene mucha idea de las características del barrio de Tottenham. Guiado por los prejuicios, si el club contaba con un amplio número de seguidores judíos y decían que en el barrio vivía una comunidad importante de ellos, pensaba que encontraría una tranquila zona residencial de clase media alta. Pero no, para mi sorpresa, salir de la parada de Seven Sisters es entrar en lo más parecido a Kingston (o Bridgetown o Puerto España o cualquier ciudad grande de las Antillas) que haya encontrado en Europa. En los dos kilómetros de la High Road que separan la estación del estadio, con sus casas y comercios que no suelen superar las dos alturas, uno se topa con peluquerías donde hacen publicidad de su maestría a la hora de hacer rastras, restaurantes de dudosa reputación, pero de mucho público, pubs, tiendas de ropa y alfombrerías, todas ellas llenas de afrocaribeños que pasean o charlan tranquilamente en medio de la calle aprovechando la llegada del buen tiempo. Y es que el barrio de Tottenham contiene en realidad una de las mayores comunidades de afrocaribeños de Inglaterra (y, por ende, del continente). Pero no sólo ellos: ghaneses, turcos, kurdos y muchas otras nacionalidades se mezclan en el barrio dándole un color muy especial.

Tras el paseo multicultural, toparse con el estadio de White Hart Lane, encajonado entre calles estrechas, es encontrarse con lo que podría ser un buen ejemplo de arquitectura industrial: una mole de áspero ladrillo de hormigón blanco, vigas azules y cristales tintados, como mandaban los cánones de los 70. Pero, como todo en la vida, lo bonito está en el interior: y en el interior se esconde un coqueto campo de fútbol, ni grande, ni pequeño (36.310), más que centenario, pero que tras las sucesivas reformas todavía conserva el aroma de los añejos estadios ingleses diseñados por Archibald Leitch. Entre sus clásicas cuatro gradas, la East Stand todavía conserva un par de veteranas columnas para soportar el peso del techo que cubre todo el estadio, y, rematándola, se levanta la escultura de un gallo de bronce, símbolo del club. Sobre los fondos, dos monstruosos vídeomarcadores dan al estadio un toque moderno que combina con ese estilo clásico.

White Hart Lane está lejos de competir con Old Trafford o Wembley en capacidad, pero está construido de una manera que parece que puedes tocar al tipo de la grada de enfrente. Por todas partes, hasta donde menos te lo esperas, aparece el lema del club Audere est facere o To dare is to do, en su versión inglesa. Y sí, pese a ser el último partido en liga, sin nada en juego y con aroma a amistoso contra el Liverpool, la afición sigue creyendo en el equipo y llena el estadio. Y no sé si será la acústica del lugar, tan cerrada, o que las pintas afinan la voz de los supporters, pero nunca había oído a unas aficiones cantar tan alto, a ese nivel en el que tus oídos ruegan porque se acabe todo rápido.

El partido terminó con derrota, poniendo punto final a una temporada que, se pensaba, sería el inicio de un nuevo gran ciclo. El público no abandonó el estadio, sino que se quedó esperando a que la plantilla diera una vuelta al campo como homenaje. Sería un hasta luego para una nueva temporada en la que se acumularían más frustraciones que alegrías, pero la fe en que todo se puede lograr nunca abandona White Hart Lane.

domingo, 17 de abril de 2011

nacionalismo, fútbol y turbo-folk

Artículo publicado en Café fútbol


Cuando se sentó en el banquillo del Calderón aquella noche de septiembre de 1998 los medios deportivos recogieron la noticia con una mezcla de frivolidad y una pequeña pátina de preocupación. El revuelo tenía justificación: uñas largas y cinceladas en horas de sesiones, labios babuínicos, pechos siliconados en escotes generosos... La figura de Ceca, como se suele conocer a Svetlana Raznatovic, no era precisamente algo habitual en el césped del estadio rojiblanco, más acostumbrado por aquella época a disfrutar de la visión de la calva de Sacchi. Los chascarrillos de Jesús Gil, defensor del baño en jacuzzi en compañía, sobre la cantante hicieron aumentar el tono festivo de la visita, pero lo cierto es que Ceca tenía y tiene un lado tenebroso que casaba mal con toda esa fanfarria.

Para empezar era la presidenta (y en calidad de delegada de campo, ocupaba un puesto en el banquillo del Calderón) del Obilic , equipo de Belgrado que había ganado sorprendentemente la liga yugoslava la temporada anterior. No hay que escarbar demasiado, sin embargo, para conocer la ideología política del equipo. El club toma su nombre y su escudo de Milos Obilic, figura guerrera serbia que se mueve entre el mito y la realidad y que fue el encargado de asesinar al sultán Murad I en la llamada Batalla del campo de los mirlos o Batalla de Kosovo de 1389. Dicha batalla, que acabó con derrota serbia y que supuso la conversión de estos en vasallos del imperio otomano ha pasado al imaginario del nacionalismo serbio casi como un hecho fundante y justificador de la presencia en Kosovo.

Pero el Obilic estaba vinculado con el nacionalismo serbio más recalcitrante (y el nacionalismo serbio es quizás el más recalcitrante de los nacionalismos) no sólo de manera simbólica. El verdadero hombre fuerte del club, más allá de su voluptuosa presidenta, era el marido de esta, Zelvjo Raznatovic, más conocido por su nombre de guerra, Arkan. Y con lo de nombre de guerra hablamos literalmente: Arkan fue acusado por crímenes de guerra (por si fuera suficientemente crimen la guerra en sí) durante el conflicto en Yugoslavia. Arkan, reuniendo entre otros elementos a aficionados del Estrella Roja, creó un grupo de paramilitares, que se hizo famoso en algunas zonas de combate por su violencia. El matrimonio entre el señor de la guerra y la cantante de turbo-folk, género en el que se mezclaba folklore balcánico, letras patrióticas, pop y mujeres con poca ropa, parecía obra del destino: era en sí mismo la mejor imagen y tarjeta de presentación del nacionalismo serbio.
Una vez firmados los acuerdos de Dayton, Arkan decidió hacerse cargo, en junio de 1996, del Obilic, un pequeño equipo de Belgrado. Y el triunfo fue súbito: en la primera campaña del club en la primera división de la ex Yugoslavia, la 97/98 consiguió hacerse con el título. También es cierto que quizás no eran adalides del buen juego: hubo más de una denuncia de los rivales de jugar amenazados por unos aficionados más que belicosos.

Ya que el equipo debía jugar por Europa (pese a que la Uefa pensó en no admitir al equipo) y Arkan tenía algunos asuntos pendientes por la Interpol, Zelvjo dejó la presidencia en su esposa y así fue cómo se cruzaron los destinos de Ceca y el Atlético. Arkan sería asesinado pocos años después en enero de 2000, en un crimen todavía no aclarado, el equipo regresó a las cloacas del fútbol serbio tan rápido como salió de ellas y de Ceca poco más se volvió a saber por España, más allá de sus exitosos conciertos en el Pequeño Maracaná. Hasta hace unas semanas, cuando la fiscalía de Belgrado la acusó de desfalco y de apropiarse once (o cuatro, según las fuentes) millones de euros por los traspasos en el Obilic. No fue, sin duda, un club ejemplar.

sábado, 2 de abril de 2011

una lanza en favor de joma

Artículo publicado en Café fútbol


Joma, la empresa de calzado y ropa deportiva fundada en Toledo en 1965, ha pasado al imaginario popular como epítome de lo cutre y del diseño poco feliz. Y sí, uno puede resultar muy epatante si acude a una boda con el penúltimo modelo de la camiseta del Getafe (tampoco ayuda mucho, la verdad, el patrocinio de Burger King). Basta también un simple vistazo para comprobar que la calidad de los tejidos no ofrece la tecnología más avanzada y que varios de los diseños parecen ideados a mala idea para herir sensibilidades. Ejemplos no faltan: como aquella tercera equipación rosita del Sevilla (y eso que soy el mayor defensor del uso de ese color en el deporte). O esa querencia por ondear la bandera patria en plan horror vacui, que llegó a excesos como este. Pero ahora que, según parece, Joma abandonará al Sevilla (su club emblema, con quien ha compartido la posiblemente época más gloriosa de su historia en estos once años de patrocinio) es buena excusa para romper una lanza a favor de esta marca y rescatar varias de las cosas positivas que ha ofrecido al mundo camisetil.

Por ejemplo, su cuidado en fabricar camisetas especiales para momentos especiales. Puede ser interpretado como una muestra de oportunismo y de mercantilismo de sentimientos, pero creo que es bonito (sobre todo a la larga, cuando se entra en el terreno de los recuerdos) que tu club haya vestido de una manera diferente y única en esa final que tanto se soñó o en esa competición que costó tanto conseguir. Sin menosprecio del gran Athletic Club, considero que se realza más el momento con una camiseta diseñada para la ocasión que con un parche ad hoc. El problema llega cuando tu equipo, pongamos el Sevilla, no para de disputar partidos especiales: entre Centenarios, Copas, finales de Uefas y Supercopas, sinceramente he perdido la cuenta del número de camisetas conmemorativas de ese club, pero rescataría la simplicidad de la camiseta de la Supercopa de Europa 2006 y de la final de Glasgow o los ribetes andaluces de la final de Copa 2010.

También son de agradecer algunos pequeños detalles que hacen única y diferente a la camiseta. Este año, por ejemplo, se pueden distinguir en el estampado de las camisetas del Sevilla monumentos representativos de las 50 provincias españolas (en un rápido vistazo distingo las catedrales de León, Murcia y Zamora, la Giralda, el Acueducto de Segovia,... aunque no tengo muy clave el sentido de dicho homenaje, más allá de los azulejos de la Plaza de España). O cuando en la temporada 2009/2010 se empeñaron en hacernos estudiar geografía y en la primera equipación aparecían los nombres de los 105 municipios de la provincia de Sevilla... y en la segunda aparecían los nombres de los 771 pueblos de Andalucía... ¡y en la tercera aparecían los nombres de los 7100 pueblos de España!

Y por qué no decirlo: Joma también hace diseños bonitos. Curiosamente, en un caso que debería ser analizado por la psicología, lo más sobrios, bonitos y elegantes los pasa de contrabando y sin que apenas podamos enterarnos de su existencia, como aquella camiseta del centenario del Depor (que tuvo su hermana en una bonita zamarra del Racing de Santander, con cordones y todo). O estas del Danubio uruguayo (lo que también habla de la enorme expansión que ha disfrutado la empresa, vistiendo desde Chile a la República Checa, pasando por Costa Rica) o esta del mítico equipo guatemalteco Comunicaciones. No está mal para una marca tan denostada.

miércoles, 30 de marzo de 2011

la identidad

Artículo publicado en Café fútbol


En ese pub de Londres todo era ruido y alegría aquella tarde de mayo. Hacía escasos segundos que el árbitro había pitado el final del partido y las pantallas repetían constantemente el majestuoso gol de Van Persie, que, tras una hipnótica jugada de infinitos toques, apenas había necesitado un sutil toque de empeine para batir por alto a Casillas. En el estrecho hueco entre la barra y la pared, la gente del bar, perfectos desconocidos dos horas antes, se abrazaba torpemente, inundando la sucia moqueta de cerveza, mientras cantaba desafinadamente, gritando como si le fuera la vida en ello, el There's only one Arsène Wenger. No era para menos, ciertamente: de la mano del entrenador francés estaban disfrutando de un doblete histórico. Habían derrotado al todopoderoso Barcelona en octavos, habían logrado reafirmarse en las adverdidades y las críticas viperinas y habían superado al Manchester en la Premier y como colofón final, acababan de poner su nombre en el palmarés de la Champions.

Todo era ruido y alegría en aquel pub de Londres excepto para un tipo solitario de unos 50 años que apuraba, en silencio y ensimismado, como un extraterrestre, su pinta en un rincón. En su roída camiseta roja, que luchaba por cubrir un gran cuerpo ondulado ahora por la cerveza, lucía un cañón dorado. Y sus brazos, cuyos puños debían de haber saludado a miles de caras rivales, eran un muestrario de tatuajes de todo tipo, de elegantes a risibles, entre los que se distinguían las caras de Graham y el capitán Adams. Ahora la pantalla de televisión lucía enorme la cara de Wenger y de nuevo el bar estalló en un grito de euforia y aprobación. A nuestro hombre, sin embargo, apenas se le oyó susurrar: "Ese hombre ha borrado nuestra identidad".

domingo, 20 de marzo de 2011

los aplausos a benzema

Artículo publicado en Café fútbol


Cuando, hace sólo unas semanas, Karim Benzema fue sustituido en la vuelta de la semifinal de Copa ante el Sevilla, el bar estalló en aplausos. Aplausos sarcásticos, tras un encuentro algo más que triste del delantero francés. En realidad, Karim no firmó uno de sus peores partidos aquel día: se desmarcó con inteligencia, combinó con sus compañeros de ataque, se demostró participativo; pero falló rozando lo ridículo en la función clave del ariete, el remate a puerta. Y, para colmo, su sustituto, Adebayor, apenas necesitó unos minutos para controlar un balón con pecho y disparar para conseguir su primer gol con su nueva camiseta. Obviamente, aquella celebración irónica en el bar era el resultado de la larga trayectoria negativa de Benzema en el Madrid, empeñado, como parecía, en derrochar sus grandes cualidades en un mar de desidia y empanamiento. Ya saben, las críticas y los apodos burlescos le llovían de todas partes: Benzená, Benzemiau, Monsieur Empané...

Un mes más tarde, a Karim las cosas le van mucho mejor: dejó su marca en el amistoso ante Brasil, vio puerta ante el Levante, marcó un decisivo gol en Lyon, anotó dos en la goleada que se llevó el Málaga y volvió a repetir ante el Racing. Y, como no podía ser de otra manera, los diarios se han llenado de artículos elogiando al delantero que (eso parece que hay que extraer de la lectura) mágicamente ha recuperado su velocidad, su potencia y su olfato de gol. Todavía más: la misma noche del partido de Santander, cuando todavía no deberían haberse apagado las luces del estadio, en un programa de RNE, se debatía incluso si Benzema podía llegar a ser Balón de Oro próximamente.

Historias como ésta se repiten en el mundo del fútbol y en nuestra vida constantemente, en ambas direcciones: Bojan, por ejemplo, era la estrella emergente por la que se pelearon las federaciones serbia y española y ahora muchos barcelonistas lo ven como un Peter Pan que nunca alcanzará el nivel de sus compañeros. O, ejemplo más vertiginoso aún, tras este último partido en El Sardinero, en el que el Madrid ofreció una buena imagen de fútbol de toque, surgieron quienes planteaban, como se refleja aquí, que el equipo jugaba mejor sin su mayor estrella, Cristiano Ronaldo. Y, como ellos, cientos de jugadores (me vienen a la cabeza muchas promesas wengerianas) que son encumbrados a la gloria o criticados sin misericordia de acuerdo a lo sucedido en la última jornada.

El fútbol vive en un movimiento constante y frenético en el que, en ocasiones, lo primero que se pierde es la memoria y la calma. En ello culpables somos todos, empezando por los aficionados que vemos el peligro inminente del descenso tras cada derrota y nos desbocamos después de cada victoria. Pero no vendría mal un poco de pausa, reflexión y mirada a largo plazo: a fin de cuentas, sólo en un partido interactuán 22 tipos, con la de miles de detalles que eso conlleva y que difícilmente podemos asimilar. Solemos elaborar elegantes crónicas y pontificamos con rotundidad sobre éxitos o fracasos cuando a estos solo los ha separado un larguero o un traicionero resbalón antes de un penalti decisivo, como bien saben Pinillos y Terry.
Esa necesidad de pausa y calma tiene sus razones éticas: librar a los demás y a nosotros mismos de juicios sumarísimos y sin apelación posible. Si no crees en ese tipo de cosas, también es una cuestión de lógica económica: habrá pocas empresas en el mundo que se decidan a comprar activos que valgan varios millones de euros y que no tengan un mínimo de paciencia para esperar a que den lo mejor de sí. Y si ni siquiera eso te sirve, piensa, como yo, por dónde nos metemos ahora los aplausos a Benzema.

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